Nieve y diversión

¡Hola a todos!

Acá los saludo desde una ciudad completamente congelada. Santiago ha pasado estos días por fenómenos bien especiales, como una nevazón en pleno centro y unos fríos realmente fuertes.

Hace mucho no escribía y uno de los motivos es que me llené de bichos en este blog. No sabía cómo sacarlos y de a poco estoy borrando todo y dejando limpio de spam. Me llenan de mensajes y bueno, ya saben cómo es la cosa, los virus son del terror.

Pero, pasando a mejores temas, quiero reabrir esto escribiendo entradas más cortas pero más seguido. Han pasado varias cosas en este tiempo y me gustaría plasmar acá lo que en conjunto vamos aprendiendo. Estoy sorprendida de cómo ha ido madurando Diego. Fue de un día para otro que dejó de ser un bebé y empezó a comportarse realmente como un niño.

Estoy contenta de su crecimiento. No sé si seré diferente o algo en cuanto a otras madres, pero algo que he disfrutado es su paso a la niñez. Me han advertido que “niños chicos, problemas de chicos” en relación al nivel de dificultad que van aumentando con la edad. Pero por el momento con él ha sido lo contrario. Hoy está comunicándose mucho más, dándose a entender en cuanto a sus gustos, deseos y frustraciones y ya puedo tener una entretenida conversación larga con él y, según el caso, tomar decisiones compartidas. Hoy puedo disfrutar de una salida con él dejando un poco de lado el rol de “mamá protectora evitando que el niño muera ante cualquier cosa”. Hablamos, comemos, inventamos juegos, y lo pasamos muy bien. Cuando llega el momento de tomar una decisión unilateral de parte mía (obvio) simplemente la expongo. Y si obtengo una negativa intento tomarlo desde su lado fuerza. Porque, sí, descubrí que dentro de los tipos de niños, Diego es fuerza, lo que significa que es un niño llevado totalmente a sus ideas. Pero eso no significa que no pueda entender una opción distinta a lo que quiere, sólo basta con dar en el click. Para averiguar todas esas cosas estuve leyendo un curso de paternidad efectiva. Diego es un niño que generalmente funciona con su instinto sexual (es decir, instintivo). Si siente algo lo dice/hace o reacciona y ya. Y cuando desea algo es igual. Entonces juego a entregarle un poco de poder, sólo un poquito, pero haciendo lo que yo quiero.

Ejemplo: Hay que ir al jardín y no quiere por estar jugando. Luego de 2 llamadas no me escucha, no quiere, está metido en su mundo de autitos. Entonces le digo que hay que ir al jardín, pero que puede llevar 1 solo auto, los demás tienen que quedar en casa esperando  que regrese. Generalmente ante esa opción se pone a cantar su canción del jardín que al final terminamos cantando los dos: “A guardar, a guardar, cada cosa en su lugar, sin romper, sin tirar… ” y sale feliz con su auto. El problema es que en el jardín no permiten juguetes… Llegando al jardín debo inventar otra cosa. Generalmente es: “Oye, pero el auto no puede entrar al jardín! ¿Qué pasa si ahí se pierde? ¿No crees que es mejor llevarlo a casa y que espere allá a que vuelvas del jardín? Es más seguro y te quedará esperando hasta que regreses”. Me lo entrega y se acabó el chiste. Niños como él necesitan sentir que tienen el poder y que toman alguna decisión. Se me hace muy agotador porque yo soy igual de impulsiva, entonces suelo hacer o decir lo primero que se me viene a la mente (es decir, podría ser como un padre fuerza-voluntad). Pero al final termino contando hasta 10 y usando la técnica del cambio de modelo parental pasando a ser mentora. Le digo exactamente lo que debe hacer pero le pregunto el cómo, y nada más.

No siempre lo logro, debo decirlo. Hay situaciones y situaciones. Pero realmente me he dado cuenta que funciona. Ya a un año de haber empezado a usar estas técnicas he logrado muchas cosas con él. No todas las obligaciones le gustan, no siempre está conforme, pero si no lo está trato de ser lo más comprensiva que mi paciencia me permita. Toda mamá sabrá que si hay algo difícil es mantenerse “en el centro” con los niños. Muchas veces entro también en el círculo de la desesperación. Pero salgo del lugar 2 segundos y pienso que la adulta y la que debe adaptarse soy yo en ese momento. Si el niño está manifestando rabia o enojo no es capaz de salir de ahí. Incluso a uno mismo le cuesta un montón y mucha veces no lo logra, es casi imposible que un niño lo pueda hacer. Y no me gusta dar el brazo a torcer con las decisiones. Es decir, si es hora de ducharse, hay que ducharse. Podemos negociar el cómo pero nada más. De a poco Diego se ha dado cuenta (creo yo) que ceder no es tan malo porque algún beneficio tiene. Ha madurado mucho y ya sus frustraciones no son tan incontrolables y muchas veces en vez de entrar en desesperación me empieza a pedir cosas. Con lo único que cedo siempre es con el abrazo. Si pide chocolate, no. Si pide tele, no. Si pide dulces, no. (No le digo que NO directamente, le digo que no se puede). Pero cuando me pide el abrazo, inmediatamente va. Entonces se acostumbró… hoy la lista de cosas que pide ha bajado enormemente y pasa al abrazo casi inmediatamente calmando mucho la ansiedad típica de su edad.

Así que estoy muy feliz de haber tomado el curso. Lo único que espero es poder criarlo con sus límites y sus libertades de una forma sana. Y sé que es muy difícil. La paternidad muchas veces se trata de caer, sentirse como la peor del mundo, pensar en opciones, levantarse de nuevo y planificar una segunda oportunidad como madre. Y lo más difícil: Es un niño. Si cometes un error con tu pareja puedes conversarlo, arreglarlo. O con un colega, amigo, también muchas veces puedes arreglar un problema acercándote y expresando lo que necesitas. Con un niño no es tan fácil. Puedes pedirle perdón por lo que crees no le hizo bien, pero él no puede analizar y ver las cosas como lo haría tu pareja/amigo/colega, etc. Entonces pega más duro cuando sientes que te equivocas y porque además es alguien que depende de ti y absorbe todo lo que ve.

Hoy por hoy creo que voy navegando y manejando el timón con algo de confianza pero con muchas cosas a cuestas. Siempre existe un “y si hubiera… y si cambio esto… y si no lo hago… ¿será mejor o peor para él?” y es imposible preguntarle directamente. Sólo queda ver las reacciones y su forma de expresar las cosas como niño y uno intentar descifrar si fue lo mejor o no. Siempre dice que quiere estar en casa, recuerda mucho a sus papás y a sus gatitas Melissa y Diana y con eso me quedo un poco tranquila. Significa que acá se siente bien y tranquilo. Cuando inventa cuentos siempre sus papás y gatitas están en sus historias y siempre tratan sobre estar en casa jugando. Hoy incluso mientras estábamos fuera dijo que quería ir a casa. Le dije que yo debía trabajar y por eso también era importante que él fuera al jardín. Creo que él entiende mi trabajo pues me ha visto dar clases de música tanto en casa como en los coros que participé y en su propio jardín donde soy profesora del taller de música y él participa. Cuando le digo “trabajar” él lo relaciona con hacer música con alguien más, entonces al decirle que debía trabajar y que por eso no podíamos ir a casa, quedó muy tranquilo y fue feliz a su jardín.

Creo que ya me explayé demasiado, ¡son las 12 de la madrugada! Mañana debo hacer una gran cantidad de clases y estudiar, así que es hora de ir a dormir. Voy a dejar acá una foto de la nueva integrante de la familia que no hemos presentado aún “en sociedad”. Su nombre es Diana, una gatita muy hermosa, ronroneadora, ¡y peleadora! Le gusta buscar a la Meli y desafiar su tranquilidad. Se ha transformado en un gran apoyo para enseñar a Diego el respeto por los animales. Meli es una gata de ya 7 años que sólo quiere dormir (aunque pensándolo bien, fue así desde siempre XD). Diana juega mucho con él, sólo tiene 11 meses y Diego aprendió a quererla y respetarla.

Espero que tengan una muy linda noche. ¡Acá en Santiago seguimos congelados pero hay que seguir con todo el ánimo!

¡Besos a todos!

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